Mi vida junto a las gemelas. Cuentos cortos de humor


Mi vida junto a las gemelas

Autor: Loper

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Cuento publicado el 10 de Junio de 2013


Fue en uno de mis viajes a Miami, iba recorriendo el majestuoso Mall Sawgrass Mills en Fort Laudarle transitando algunas vidrieras, observando por doquier lo maravilloso del entorno arquitectónico y de pronto tropecé con ellas, unas hermosas gemelas que irrumpieron mi vida con el más sutil desparpajo. Eran preciosas, su tez era blanca como la espuma del mar y su andar podía imaginarse en la cadencia que solo las modelos profesionales adoptan en su marcha. Cuando las invite que me acompañasen y recorriéramos juntos la vida, no dudaron que haríamos buenas migas, les comente que mis gustos preferidos eran los deportes al aire libre, donde podía demostrar mis mejores habilidades de recreo. Ellas me miraban atónitas y escuchaban mis andanzas mundanas sin emitir palabra alguna; algunos transeúntes que pasaban cerca nuestro miraban como hipnotizados mi dialogo con esas bellezas.

Luego de expresarles mi simpatía, decidimos proseguir los caminos juntos, yo las abrazaba con insólita pasión y cada tanto, embelecado las miraba tiernamente. Decidí sentarme junto a ellas en la mesa de un café, pues me encontraba algo fatigado por la caminata, deseoso de llegar al hotel donde me alojaba, para disfrutar junto a ellas los momentos más emocionantes de esta historia. Ya descansado, me levante de la mesa y les ofrecí mis manos para seguir el recorrido que nos separaba de mi automóvil, estacionado a casi 300 metros, en la playa del Mall. Fuera hacia un calor sofocante y una humedad que mojaba mi cuerpo entero, mientras que ellas se mantenían frescas y radiantes, parecía que no las afectaba el clima estival. Eran aproximadamente las 12 am, llegamos corriendo a mi Ford Taurus, que inmóvil a pleno sol parecía más a un horno parrillero que a un vehículo de pasajeros. Me apure a abrir las puertas para que pudiese ingresar algo de aire en su interior y encender a full el aire acondicionado. A ellas las acomode prestamente en el asiento trasero, encendí el motor del Ford, puse marcha atrás y me deslice por la playa de estacionamiento rumbo a carretera I95 que me conduciría a Hialeah, donde me hospedaba en un confortable departamento. Cada tanto, miraba a las gemelas por el espejo y les sonreía emocionado, ya llegaríamos a destino y podría disfrutar con ellas los momentos más sublimes. El camino de vuelta se me hizo como interminable, seguro era la emoción de encontrarme a solas con las gemelas y disfrutar horas de gloria.
Ya en el departamento y con una emoción inmensa en mis ojos, tire a las gemelas en la alfombra, tome el calzador y las introduje en mis pies, eran muy bellas mis elegantes y nuevas zapatillas.





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