ÔĽŅ Romarico el nagŁe contra las serpientes. Cuentos cortos de humor
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Romarico el nag√ľe contra las serpientes

Autor: Lazaro Echemendia

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Cuento publicado el 31 de Agosto de 2011


Dos a√Īos pas√≥ el nag√ľe en Siri Lanka como entrenador de boxeo. Del islote a un costado de la India no lo impresion√≥ el sabor extraordinario de su t√©, √ļnico en el mundo , ni las extra√Īas vestiduras de su gente, ni los monjes budistas con sus cabezas rapadas. No lo impresionaron los leopardos, ni el mono que habita como dios en los templos, ni los b√ļfalos, ni los elefantes amaestrados. Si algo lo impresion√≥ del pa√≠s con la fauna m√°s antigua del planeta fue la maldita circunstancia de las serpientes por todas partes.


Sus sobresaltos m√°s fuertes fueron de otra naturaleza. La primera vez como invitado de honor a una cena. Criado en las entra√Īas de de la Sierra Maestra, uno por uno engull√≥ sin problemas los platos que le pusieron delante, desde hormigas en salsa de caracoles hasta macaco estofado. Los comensales ‚Äďunos quince en total entre hombres y mujeres- lo miraban at√≥nitos, fascinados con el paladar del extranjero, el cubanito se aclimataba tan bien que hasta parec√≠a uno de los suyos. El problema comenz√≥ para Rom√°rico cuando el comensal a su lado abri√≥ la boca y desde sus profundidades g√°stricas dej√≥ escapar un eructo.

Nadie salvo Romarico pareció sorprenderse, todos miraron con respeto al sujeto y acto seguido al anfitrión de la cena. AL punto comenzó el concierto. El cubano era ahora el atónito, los eructos se sucedían de un extremo a otro de la mesa y Romárico puso a reposar su estómago hasta que parara el bombardeo. El aire se hizo muy denso y él aguantó sin respirar cuanto pudo. No sabía todavía que era la costumbre por aquellos lares de agradecerle al anfitrión y celebrar por la deliciosa cena.


El vaho se disip√≥ finalmente y justo cuando Rom√°rico se dispon√≠a a disfrutar de un postre fabuloso a base de huevos de lagarto en salsa de miel con abejas, comenz√≥ la fase 2 del bombardeo. Esta vez desde otro flanco. Con sonrisas de satisfacci√≥n en sus rostros, cual sincronizada danza, empezaron todos a mecerse de derecha a izquierda en el asiento. Se dec√≠an que si entre ellos con la cabeza, -recuerda el Nag√ľe-, levantaban una tapa y ¬°Ban! all√° va eso.

M√°s de veinte a√Īos despu√©s de su estancia en el pa√≠s de los cocoteros, su memoria m√°s viva no es la de su visita al gran templo de oro de Dambulla, patrimonio hist√≥rico de la humanidad, sino lo que aconteci√≥ durante el viaje de vuelta al hotel. El camino era agreste y lo peor, infestado de serpientes, la que m√°s lo aterraba era una especie que los nativos llamaban la voladora, de ah√≠ que a pesar del calor insoportable nadie se atreviera a adentrarse en autom√≥vil sin subir las ventanillas.

Regresaban despu√©s de pasar el d√≠a recorriendo las grutas milenarias que los antiguos construyeron en honor al gran Buda, cuando el chofer, un matancero muerto de hambre a decir del nag√ľe, justo a mitad de camino se le ocurri√≥ invitarlos a comer en una aldea. El santiaguero se opuso de inmediato pero cedi√≥ cuando el resto de la comitiva, una pareja de amigos sirilankos, aceptaron la invitaci√≥n del matancero.

Terminada la cena e instalados de nuevo en la camioneta continuaron camino. Atravesaban ahora una de las zonas con m√°s densidad de serpientes del mundo, tantas que sus cuerpos cruj√≠an bajo el peso de las llantas. Veterano ya de mil campa√Īas, el nag√ľe comenz√≥ a sospechar cuando mirando con el rabillo del ojo not√≥ cierto movimiento a sus espaldas, se acerc√≥ al retrovisor y confirmo que en efecto la mujer se mec√≠a de lado a lado. Acto seguido lleg√≥ la onda expansiva y el nag√ľe se apur√≥ a bajar la ventanilla. Pero t√ļ est√°s loco, le dijo el chofer, se va a colar una serpiente. Que serpiente ni serpiente, le respondi√≥ el nag√ľe, tras comprobar que ahora el hombre tambi√©n se mec√≠a. Mia, ¬° frena!, ¬°frena esta mierda, co√Īo ¬°, le grit√≥ justo cuando llegaba la r√©plica. C√≥mo voy a para aqu√≠ ¬Ņt√ļ est√°s loco?- le dijo el chofer- . ¬°Para carajo o me tiro! - le respondi√≥ a gritos Rom√°rico y sin darle a tiempo a reaccionar abri√≥ la puerta y se lanz√≥ al aire puro

Hasta aqu√≠ la historia de c√≥mo Rom√°rico el nag√ľe se enfrent√≥ a las serpientes.


//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2015-07-27 09:34:58
Nombre: RconR
Comentario: lo que realmente me gusto fue el menu


Fecha: 2012-05-01 07:29:20
Nombre: Lazaro Echemend
Comentario: Hola
A quienes les guste "Romarico el nague", me pueden escribir a mi email para enviarles mi sitio web con decenas de historias
Gracias
Lazaro




Fecha: 2012-04-12 14:41:10
Nombre: C√ɬ®sar Mu√ɬĪoz
Comentario: Muy original. Ya visitarè tu pàgina, para regodearme. Me està entrando el gusanito de continuar enviando letras a LOSMEJORESCUENTOS. Hay trabajos que motivan. Gracias.


Fecha: 2012-03-04 07:03:52
Nombre: Lazaro Echemend
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Fecha: 2012-03-04 07:00:17
Nombre: Lazaro Echemend
Comentario: Hla
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Lazaro


Fecha: 2011-09-24 05:16:59
Nombre: Tomi Martínez
Comentario: √ā¬°Anda que voy yo a ir a Siri Lanka!Jajajaja, vamos, lo digo por las serpiente √ā¬Ņeh? No porque corra el peligro de volver amarillenta, que tambi√ɬ©n.
Muy ocurrente. Un saludo, Lázaro.


Fecha: 2011-09-01 11:08:23
Nombre: Lazaro Echemend
Comentario: Gracias Marta, te agradezco tu opinion.
Lazaro


Fecha: 2011-09-01 10:18:40
Nombre: Martha Susana
Comentario: Muy buen cuento, muy bien contado, dando a entender de una excelente manera, lo indecible, sin convertirse en groser√ɬ≠a, √ā¬°Felicitaciones!