El secreto de la abuela. Cuentos cortos fantásticos


El secreto de la abuela

Autor: Francisco Escate

(4.06/5)
(894 puntos / 220 votos)


Cuento publicado el 09 de Junio de 2009


Carmen salí­a de clases todos los dí­as a las 3 de la tarde, esa semana estaba en exámenes parciales y tenia muy poco tiempo para estudiar, pero ese dí­a tenia un asunto familiar que ya llevaba posponiendo por demasiado tiempo. En la mañana su padre la habí­a convencido de visitar de una vez a su tí­a abuela Antonia.


-No te pido que te quedes toda la tarde, solo tienes que estar un par de horas, además ella siempre pregunta por ti cuando la llamo.-Le dijo- Pero papá, ¿no puede ser el fin de semana?-replicó Carmen.

-No, los fines de semana sale siempre a visitar a sus amigas, además viaja mucho a su chacra, y sola, ella ya esta muy anciana para esos trotes y tu ni siquiera piensas en verla.-

-¡¡ah, ya esta bien papá!! Hoy iré a verla- resolvió Carmen para evitar la discusión.

Y allí­ estaba, frente a la vieja puerta de fierro y madera, la casa que bien parecí­a un viejo solar del siglo pasado, era la mas antigua de la familia, ahí­ habí­an vivido los bisabuelos, y en sus viejas habitaciones de barro y madera habí­an nacido (y fallecido) los abuelos y algunos de los tí­os, tanta familia, tanta gente, y ahora viví­a una anciana solitaria como tal vez el ultimo bastión de una familia que otrora fuera inmensa.

Ahora, todos los tí­os y primos están dispersos en sus propias casas, algunos en el extranjero, ya nadie viene a ver a la anciana.

Cuando la puerta se abrió, una cabecita canosa se asomó con una gran sonrisa y una mirada llena del brillo de la nostalgia y la melancolí­a enternecieron a Carmen, un efusivo abrazo, un beso sincero y la misma promesa de siempre de no abandonar a la anciana nunca por tanto tiempo.

Al sentarse en la vieja sala los recuerdos de tantas reuniones familiares en las que ella, niña aun, jugaba con sus primos la invadieron, las guerras de comidas en la mesa para niños, los juegos infantiles en el patio, las escondidas, la gallina ciega, el matagente, el casi primer beso de su primo chema en las escaleras de piedra... ¿Cómo pudo abandonar este lugar tanto tiempo?

El par de horas que habí­a planeado quedarse se pasaron rapidí­simo, para cerrar la conversación Carmen prometió de nuevo volver cada semana, y salir a pasear las dos, la anciana no era ninguna viejita cascarrabias, tení­an mucho tema de conversación aún, y ambas habí­an logrado una empatia muy sincera por la otra a pesar de la abismal diferencia de edades, al ver que ya era tarde, la anciana entro a traerle algún abrigo, entonces Carmen empezó a ver los detalles de esa sala llena de muebles antiguos, cuando reparó en algo, en una esquina un antiguo aparador de madera de cedro que antes tení­an en el comedor habí­a sido llevado hasta ahí­, ahora el mueble ya no guardaba platos ni utensilios de servicio, sino pequeñas esculturas de losa y una especie de pequeño altar con algunos velitas misioneras; Carmen se acercó y estuvo a punto de abrir las antiguas puertas de madera decorada que se encontraban en la base del mueble cuando la anciana volvió.

-Carmencita- dijo sonriendo - así­ que Romulito te ha estado llamando.
-¿Quién?, ¿Qué dices abuelita?-

Ah no te he contado, es que es una historia larga y no querí­a asustarte, pero en ese mueble yo guardo a Rómulo- Explicó la anciana que al ver la expresión de extrañeza de Carmen se acercó al mueble también y comenzó a contarle su historia.


-Hace años ya, en uno de mis viajes a la chacra, comencé a inspeccionar los viejos caminos en los que de niña yo jugaba con mis padres, y encontré a Rómulo, lo habí­an enterrado al lado del camino con todo y ropa, nunca supe que desgraciado le habí­a hecho eso al muchacho pero yo creo que fueron los terroristas o tal vez los policí­as, pero se veí­a que ya tenia mucho tiempo ahí­, por que ya estaba así­, todo esqueletito, solo supe que era hombre por su casaca y sus zapatitos.

Entonces la anciana, abrió las puertas del aparador y Carmen vio con espanto que dentro habí­a un esqueleto í­ntegro, pulcramente ordenado por piezas oseas y al costado una casaca de cuero negra y unos viejos zapatos mocasines.

-¡Pero abuelita! ¿¡Qué haces con esto aquí­!?

-Es que no tenia donde llevarlo, ¿y que tal si fueron los policí­as?, me iban a poner como sospechosa, y yo ya estoy vieja, para andar con lí­os de abogados y esas cosas, además, Rómulo me cuida la casa, y yo lo cuido a el también, cada noche saco su cráneo le prendo una velita y rezamos unos padre nuestros para que este en paz.

-¿Dices que él te cuida a ti?

-Claro niña, ¿Por qué crees que nunca a entrado un ratero a asaltar a una anciana sola en tremenda casota?, además cuando salgo de viaje él se queda vigilando, los vecinos me han contado que siempre que no estoy, en las noches un hombre se para cerca a mi puerta y vigila que la casa este bien, te digo que Romulito es bueno. No tengas miedo, ya tiene años aquí­ y si nunca te lo he contado es por que pensaba que eras una niña, pero ahora se que puedo confiarte este secretito.- sonri­ó pí­caramente la anciana.

-Abuelita...tienes un muerto en tu sala.- afirmó lo obvio como haciendo un último alegato.

-Espero que no dejes de visitarme por esto.

No, Claro que no.

Pero Carmen al salir de la casa no estaba segura de qué pensar, ya eran pasadas las seis de la tarde y la anciana se despidió de ella diciendo que tenia que cambiarse para ir a misa de siete, así­ que la despedida fue rápida, Carmen caminó al paradero y tomo el primer colectivo, y para dejar de pensar en aquel incidente decidió estudiar un poco camino a casa, cuando se percató que habí­a olvidado su libro de estudios en la sala de la anciana, -¿Cómo estudiaré ahora?, mañana es el examen y no puedo faltar. Se bajó del bus a mitad de camino y volvió a la casa de la anciana, pero cuando ya estaba en la esquina vió a una persona que le congeló la sangre.

Un hombre alto como de cuarenta años con una casaca de cuero negra y un pantalón oscuro estaba parado en la puerta de la casa de la anciana mirando hacia la calle; Su aspecto era impávido, su mirada se encontraba totalmente sumergida en el vací­o y estaba casi recostado en un poste cerca a la puerta de la casa.

Es él...- pensó para si- y no pudo dar ni un paso mas, trato de verlo un poco mejor pero ya estaba oscuro y las luces de la calle empezaban a encenderse, miró a su alrededor, en la acera del frente caminaba una pareja de adolescentes y cerca a ellos dos niños jugaban con una pelota, el barrio estaba tranquilo, no habí­a por que tener miedo.

-No puedo tener miedo, seguro que solo es un vecino- Carmen avanzó con pasos lentos, y poco a poco iba distinguiendo las facciones recias de aquel hombre de mirada perdi­da, que no moví­a ni un músculo, esto la poní­a aún más nerviosa, entonces dejó de mirarlo y pretendió avanzar sin notar en absoluto su presencia.

Cuando llegó a la puerta de la casa, el hombre no se habí­a movido y se encontraba apenas a un par de metros de ella, Carmen tocó el timbre nerviosamente y recordó que la anciana le contó que "Rómulo" solo cuidaba la casa cuando ella no se encontraba, -Si, debe ser un vecino- pero luego recordó que la anciana iba a salir a misa de siete -Y ¿si no esta en la casa? ¿Cómo haré para recuperar mi libro?, rogó para si misma que la anciana abra la puerta lo mas pronto posible, entonces miró su reloj. Siete y cuarto, -ya empezó la misa de siete, no puede ser que ya te hallas ido.- Esta vez tocó el timbre varias veces seguidas con desesperación.

-¿Puedo ayudarte?

Carmen volteó apenas la cabeza, cuando de reojo, vió a aquel hombre parado a su costado mirándola fijamente, su sangre se congeló, y el estremecimiento recorrió desde su cabeza hasta las piernas que comenzaron a temblar al punto de que sintió que iba a caerse.

-Busco a mi abuela.-respondió secamente.

-Ella ha salido-

-Entonces...volveré mas tarde, iré a comprar algo a alguna tienda.

Carmen no volteó para verlo de nuevo, sólo le dio la espalda y empezó a caminar por donde llegó, pero antes de dar su segundo paso, el respondió secamente.

-Yo le diré que volviste. Carmencita.

//alex


¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2014-03-12 15:18:11
Nombre: Rod
Comentario: Hola. Me preguntaba si este cuento está publicado en algún libro.


Fecha: 2010-07-27 18:10:34
Nombre: Rosi y Elena
Comentario: Nos puso los pelos de punta ¡¡¡¡¡buenazooo!!!!


Fecha: 2010-03-17 12:31:20
Nombre: Carmen
Comentario: La verdad, es un buen relato. Acalambra el estómago. Felicitaciones.


Fecha: 2009-07-22 21:30:39
Nombre: César Muñoz
Comentario: ¡SUSTO! Está bastante satisfactorio. Te exhorto, Francisco a que los leas varias veces antes de enviarlos, así no cometerás algunos errorcillos menores. Por ejemplo la palabra ANCIANA está repetida 118 veces. Son pequeñeces pero a la hora del té... pesan. De nada. Saludos.


Fecha: 2009-06-10 11:43:12
Nombre: ERIKA
Comentario: MUAKATE!! lo publicaste jejeje te amo por creativo, por adorable por responsable solo te amo!!!