El modesto deseo de la señora MM. Cuentos cortos fantásticos


El modesto deseo de la señora MM

Autor: Fernando Fernández Duval

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Cuento publicado el 08 de Enero de 2013


La señora MM que era toda bondad, soñó en su juventud, que el día en que muriera su cuerpo se iba a convertir en un rosal de rosas amorosamente rojas, como fue prácticamente su vida hacia el Señor Dios y hacia los demás. Esas palabras las decía con gran humildad, pero también llena de satisfacción.
La señora MM que era toda bondad, soñó en su juventud, que el día en que muriera su cuerpo se iba a convertir en un rosal de rosas amorosamente rojas, como fue prácticamente su vida hacia el Señor Dios y hacia los demás. Esas palabras las decía con gran humildad, pero también llena de satisfacción.
Pasaron muchos años de ese sueño hasta ponerse vieja, y cada vez que enfermaba, que no fueron pocas en su vida, reunía a sus hermanos, a los que iban quedando, por supuesto, a hijos y nietos y con los ojos llenos de alegría y la voz apagada, timbrada por la emoción, como si tuviera un nudo en la garganta que le imposibilitara hablar con entera claridad, para pedirles su único y último deseo:

- Quiero que me entierren humildemente en el jardincillo que está al lado de la ventana de mi dormitorio y donde canta el gallo todas las mañanas desde que yo era niña, allí quiero residir para la eternidad. Reafirmaba ese deseo una y otra vez sin recibir comentarios ni sugerencias de sus contertulios, que apenas la miraban y desviaban la conversación hacia otros asuntos de poco interés, porque nadie había tomado en serio el deseo de la señora MM, que lo repetía con mucha frecuencia tanto en público como en privado, cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo y tampoco se imaginaban que estaba preparando el lugar exacto elegido para su modesto entierro, acondicionando el terreno cercano a su ventana, retirando malezas cada vez que las mismas germinaban, colocando tierra negra y humus, fertilizándolo con sumo cuidado y regándolo con mucha dedicación y pasión todas las tardes sin faltar una sola vez, hasta el día en que amaneció un bello rosal con rosas rojas debajo de la ventana que había elegido para su entierro, a pesar de que fue enterrada sin su consentimiento lejos de su casa en el camposanto de la ciudad en la que había nacido.

//alex

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Fecha: 2013-01-09 05:33:18
Nombre: Otoniel
Comentario: Estilísticamente, no hubo separación entre el personaje y el narrador en el último párrafo, por lo que crea una confusión.