|
El último sueño
Sandra Ripoll Torres
 (275 puntos / 68 votos)
La luna bañaba con su luz las colinas que hasta el cielo se alzaban, y la suave melodía del viento podía oírse por todo el lugar. Miré hacia todos lados, pero él no aparecía, aquél que en todos mis sueños aparecía como un ángel, llevándome por los sueños más hermosos que un ser humano pudiera tener... Os contaré que mi sueño era eterno, pues, del coma en el que me encontraba atrapada jamás sería despertada.
A veces él llegaba tarde, y me asustaba, pues no sabía cuándo llegaría mi final y tenía miedo de desaparecer sin estar él a mi lado. En mis sueños blancos me dedicaba a pensar en todo lo que dejé atrás, me lamentaba de mi cruel destino, y me inquietaba la decisión que pudieran escoger mis padres... Pero justo antes de que mis pensamientos me encerrasen en una jaula de llantos y penas para siempre, él aparecía. Rodeándome con los brazos y susurrando palabras que llegaban directamente al corazón, disipando las tinieblas que albergaban en mi interior. Pero aquella vez, era diferente.
Esperé, esperé y esperé, pero él no aparecía. Por mucho que esperase jamás vendría, lo sabía, esta vez lo sabía. Había llegado mi hora, y estaba realmente asustada, no porque fuera a desaparecer, sino por el hecho de que él no estuviera allí conmigo para cuando me marchase.
Recé para que apareciera en el último momento, como aquellas veces en mis sueños blancos.
Supliqué a la luna y a las estrellas para que le trajesen a mí, le lloré a las montañas, a la brisa, a la hierba y a la nada... Pero él no aparecía. Aquellos oscuros pensamientos comenzaron a aparecer arrastrándose por todo mi cuerpo, llenándome de tristes y desoladores sentimientos. Aquella vez era diferente, pues él no volvería a aparecer. Y sin él, yo no era nada, me mataba yo sola, sabía que me estaba destruyendo con esos pensamientos y me alejaba cada vez más de aquella pequeñísima y casi inexistente posibilidad de volver a despertar, de volver a vivir, pero sinceramente, no sé si realmente quería volver a vivir. Poco a poco fui sintiendo cada vez más frío, y ya me encontraba tumbada bajo la luz de la luna, esperando el momento... ya no me importaba nada, todo aquello era obra del destino, y si él no aparecía, debía aceptarlo.
Estuve nadando en mis pensamientos durante un tiempo, no sabría decir cuánto, tal vez mucho, o tal vez poco, y no me di cuenta de que ya no me encontraba en el primer paisaje, había cambiado de sueño. Intenté levantarme para contemplar el lugar en el que ahora me hallaba, pero todo quedó ahí, en el intento, ni siquiera mis dedos pude mover. Estaba muy débil, pero no sentía dolor, y lo sabía, aquel sueño era el último.
Tras una pausa en el vacío, sentí una presencia tras de mí. Y noté que se acercaba más y más a mí. Después percibí un brazo rodeándome entera, me encontraba de lado y no pude verle la cara pero sabía quién era, mi ángel. Noté su cabeza apoyándose en mi hombro, no podía hablar por mi debilidad, pero le agradecía profundamente el que estuviese allí conmigo, en mi último minuto de vida. Él lo sabía, sabía que le estaba dando las gracias por todo, por aquellos años salvándome de las tinieblas una y otra vez, con sus brazos de luz y su voz angelical. Dos gotas de cristal brotaron de mis ojos, y antes de que rodasen hasta el suelo, mi ángel susurró "Estoy aquí"
|
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario aquí
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado. Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
|
|