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Historia de la muchacha que le cantaba a las flores

F Ginoris


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El viejo Manolo tenía una hija tonta. Cuenta mi abuela que se la pasaba hablando con las margaritas del patio y mientras les cantaba canciones de cuna, les iba sacando el polvo con una pluma de tomeguín.

Eso siempre era por Febrero. Ya en Junio, cuando el verano arreciaba y de la tierra sólo brotaba la mala hierba, se veía a la muchacha cabizbaja y triste, calladita, como esperando el nuevo ciclo que llegaría irremediablemente con las lluvias.

Las madres del pueblo, preocupadas porque sus hijas se infectaran con la demencia de aquella rubia hermosa, descalza y en harapos, no dejaban que sus hijas pasaran al otro lado de la plaza, pues aquel comportamiento tan extravagante tenía que ser contagioso.

- " La hija del viejo Manolo está loca de remate"

- "Es una maldición, un castigo al padre por tacaño, avaro y mal nacido"

- " Con tanta plata por qué no le compra unos vestidos a la pobrecita"

Así pensaban o se decían entre ellas las dueñas de casa, cuando, por razones obvias de abastecimiento llegaban a la bodega del Viejo.

Un día dejó de verse a la muchacha. Al principio no se notó, -sumergida como estaba la gente- en los ajetreos de la zafra y los sonidos chirriantes del tren. Pero al romper los primeros capullos de las margaritas, ya hervía el pueblo en comentarios:

- "La sacrificó, cansado de sus largos silencios y la enterró en el patio, el viejo macabro"

- "Se la robó un güije, cansado de escuchar las mismas canciones, y la tiene escondida en el hueco de un árbol"

- "Le salieron alas, cansada de sus encierros, y se fue espantando a las palomas en un vuelo salvaje hasta la loma del Diablo.

El viejo Manolo cerró su tienda, se enredó una soga en el cuello y quedó colgando del horcón del lavadero.
Un misterioso silencio cubrió al pueblo como un manto sagrado; nadie supo jamás adonde fue a parar la muchacha que le cantaba a las flores.
Dice Jazmín que por mucho tiempo, en las noches tranquilas en que se acallaba la zafra y la quietud de los campos se interrumpía por el sonar de las tripas vacías, sentíase, a lo lejos, pasado el bosquecillo al pie de la loma, una voz dulcísima cantando las nanas de siempre; y que al despertar el día, aparecía, en cada portal de cada casa del pueblo, una pluma de tomeguín cubierta de polvo.



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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2009-05-19 07:02:46
Nombre: giselle A.
email: yiyo_naty@hotmail.com
Comentario: si la verdad que me encanto desde muy niña siempre me apasionaron los cuentos son hermosos lo mas lindo es imaginarce las escencas mientras lo vas leyendo y mejor aun si te consentras es como si estubieras metida en el cuento son sensaciones que me encantan!!!