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En mitad de la sierra, mi abuela tiene un pueblo. Voy poco, solo alguna vez en verano y por supuesto, todas las navidades.Pero la mayoría de los recuerdos memorables que tengo, provienen de allí.
Cerca de la casa de mi abuela, hay una fuente con dos caños. Mi tío Alonso decía que son como dos brazos, pero claro, se referiría a los suyos, porque los míos eran mucho más pequeños. No saben de dónde viene el agua. La fuente ya estaba ahí cuando construyeron el pueblo y nunca se seca. Mi abuela dice que es mágica. En verano, el agua sale fría como el hielo y en verano calentita como si tuviera un calentador dentro. Hay un abrevadero para los burros y un lavadero, donde recuerdo a mi abuela llevarme a lavar la ropa. Poca gente en el pueblo, por aquel entonces, tenía lavadora. Sólo los más pudientes se lo podían permitir. Un día, estando con mi abuela lavando, había varias mujeres más. Les pregunté una por una si lavaban allí porque no tenían lavadora y una me dijo que sí que tenía, pero que los vaqueros y las toallas, que era lo que estaba lavando ella, se lavaban mejor a mano. Cuando esa mujer se fue, otra de ellas comenzó a reir a carcajadas.
-Esta se cree que porque no tenemos lavadora somos tontas.- Las demás la secundaron en la risa. Le pregunté a mi abuela que qué quería decir.
-Hija, lo peor para lavar a mano son precisamente los vaqueros y las toallas. Esa no tiene lavadora.
No habían pasado cinco minutos cuando el marido de esta mujer y otro hombre llegaron con sus burros para darles agua. Saludaron a las mujeres, y mientras los animales bebían, comenzaron a hablar del tema estrella de esos días, la recogida de aceituna.
-Ese es el marido de la que se acaba de ir. La que "tiene lavadora".- me susurró mi abuela.
Los hombres hablaban entre ellos.
-Ayer me compré unos mantones nuevos.- le decía- Son de lo mejor.
Yo me acerqué un poco más a mi abuela y le susurré:
-¿Y por qué en vez de unos mantones no ha comprado una lavadora?
Mi abuela y las demás mujeres rompieron a reir. Una de ellas se acercó a nosotras.
-Porque hija, la lavadora facilita el trabajo a la mujer, no al hombre. Si fuesen ellos los que tienen que lavar, veás como todas tendríamos una lavadora en nuestro ajuar de solteras.
Mi tía María cree que lleva razón.
Mi abuela tiene una vecina que es ciega, a la que visitan todas las vecinas de la calle. Juegan a las cartas, ven las novelas y algunas, fuman. Dicen que tambien hacen espiritismo.Un día, una de las muchachas desapareció. Todo el pueblo decía que unos de los espíritus a los que invocaban se la había llevado. La madre de la chica en cuestión vino a contarle a mi abuela que había encontrado señales extrañas en su casa el día de su desaparición.
Mi abuela la miró de soslayo, y afirmó con la cabeza.
-Que sí mujer, que se la han llevado los espíritus.- Cuando la mujer se fue, miré a mi abuela entre asustada y entusiasmada.
-¿Los espíritus, abuela? ¿Hay espíritus aquí?
-Que espíritus ni que niño muerto. Esa se ha fugado con el novio.
Cinco meses depues, la chica volvió, sola y con un barrigón de mil demonios.
-Ni es la primera, ni será la última.-le dijo mi abuela a la madre de la chica cuando acudió a ella llorando.
Más arriba de mi abuela vive un matrimonio mayor y una casa más arriba, el hijo de éstos con su mujer y sus cinco hijos. Su abuelo dice que son hijos del demonio. Cuando los padres se van en invierno a la aceituna, los abuelos se quedan con los cinco chicos. En su casa, por la parte de atrás, tienen un huerto. Allí tienen varias higueras y un día, los chicos estaban muy calladitos. La abuela supo que algo estaban tramando, pero bueno, mientras la dejaran tranquila un rato, que tramaran lo que quisieran. Hacía tanto frío que no quería moverse de la chimenea. Al cabo de un rato, uno de ellos entró gritanto, llamando a su abuelo.
-¡¡¡¡¡¡¡Un ahorcado, un ahorcado, hay un ahorcado, abuelooooo!!!!!!!!!!
El abuelo se asomó al huerto, y cuando vió a su nieto mayor colgado de la higuera, con la lengua fuera y los ojos en blanco, sin pararse a mirar siquiera cómo estaba, salió corriendo calle arriba en busca del médico, a pique de que le diera un infarto.
Cuando llegó con el médico y unos vecinos más, su nieto mayor estaba desternillándose de risa todavía encima de la higuera, ya sin la cuerda al cuello.
-Baja de ahí granuja, que te vas a enterar.-Le decía el abuelo, furioso.
-No, que me pegas.
-¿Pegarte? Noooo, te voy a matar.
Cuando esa tarde llegaron los padres de los niñós, el abuelo se acercó a su hijo, todavía con los ojos encendidos de furia.
-Métete a tus hijos por el culo.- Y echándolos a la calle, les cerró la puerta en las narices. No volvieron a hablarse hasta muchos años después, cuando el abuelo, ya agonizante, les dijo que los perdonaba a todos."Incluso al ahorcado", especificó. Después se murió.
Mi abuela preparó una sopa de picadillo con muchos fideillos para toda la familia del muerto. Otra vecina hizo carne con tomate para ellos y ese dia, como no fueron a la aceituna, se pusieron a comer a todas horas. Cualquiera diría que estaban de velatorio.
Todas las Navidades pasan cosas en el pueblo de mi abuela. A veces, cuando veo a mi abuela ya viejecita, me pregunto cómo será el pueblo cuando ella ya no esté. Sé que ese día puede que no esté muy lejos, pero rezo porque falten muchísimos años. Presiento que el pueblo que conozco, se irá con ella. Porque este pueblo, es el pueblo de mi abuela.
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